8 de julio de 2014

3. Algunas cosas si cambian

¡Aloha hermanos! (escribo esta vez medio dormida así es que ya están en advertencia de incoherencias).

Algunas personas me reclamaron, cuando leyeron mi primer libro, que ellos estaban seguros que salían en él, que las cosas que yo contaba les había sucedido y que yo no estaba siendo original, solo escribiendo lo que ya había pasado... robando sus historias. (Y yo les repetí una y otra vez que todo era ficción, cualquier parecido con la realidad era pura coincidencia)

¡Ya! Nos atraparon, es cierto, los escritores tenemos una regla de oro, quizás no sea la primera, pero es una de las más importantes que todos los escritores del mundo (con libro o no) nacen sabiendo: "uno no escribe de lo que no conoce" (es más intuición que otra cosa). Ese es nuestro pequeño secreto. Así es como creamos esos mundos de fantasías, perfectos a los ojos de los lectores, pero que están hechos con retazos de imperfecciones sacadas del mundo real. Así es que cuando leas "Diario de una Pasión" o "Bajo la Misma Estrella" ten en cuenta que estás leyendo miles de miles de historias de diferentes personas (incluyéndonos), todas con buenos y malos momentos, todas valiosas y dignas de ser contadas. (aclarando: es realidad mezclada con ficción)

El punto de mi explicación es que la originalidad existió, sí, pero murió rápido, muy pronto después de la creación del mundo. A estas alturas, todo está dicho. Lo único que nos queda es decirlo a nuestra manera, vivirlo a nuestra manera, recordarlo a nuestra manera (por qué crees que cuando escuchas las canciones de Taylor Swift piensas que te acosa o algo así). Lo que no quiero es que este blog sea sobre mí todo el tiempo, que yo me dedique a contar las cosas por las que he vivido, pero como dije anteriormente no puedo contar cosas que no conozco (no voy a inventar locuras solo para llamar la atención, aunque podría hacerlo). Tampoco quiero hacerte perder el tiempo, he vivido demasiado como para quedarme callada.

Para escribir cosas tan largas como las entradas anteriores necesito un tema del cual me apasione, un tema que me haga dejar todo lo que estoy haciendo para hablar de el. Hay algo que me llama la atención, ahora que tengo 18 años,  que ya he superado tantos traumas (todos tenemos traumas). Hay veces que, durante el día tan agitado y rápido en el que vivimos, paro un momento. Cierro los ojos y siento que me veo desde arriba (no, no es un viaje astral), que veo mi vida como una película en un microsegundo, demasiado rápido como para siquiera respirar. En ese segundo en el que estoy parada me parece irreal todo lo que pasó en 18 años y lo que podría pasar en 18 más, saber dónde estoy y cómo llegué ahí. El haber conocido tantas personas que vienen y van. Haber aprendido tanto. Es raro. (¡Y el hecho de que aún falta más! Es como ¡OH DIOS MIO!)

Cuando entré a la universidad este año, conocí un mundo nuevo. En serio fue como ir a vivir a Marte. Un lugar diferente, tal vez demasiado. El hecho de que eran nuevas personas, nuevas historias... me asustaba. Demoré 13 años en apenas conocer a mis amigos de la secundaria, algunos menos algunos más (¡hay unos que conocí dos semanas antes de la graduación y hay otros que hasta el día de hoy nunca les he hablado!) y ahora estaba entrando en una selva nueva, con nuevos peligros, un nuevo terreno. ¿A quién rayos no le asusta eso? 

Lo primero que escribí fue un cuento que mi mamá guarda en una gaveta como si fuera oro, en primer grado, cuando apenas podía tomar un lápiz y escribir mi nombre. Desde ese momento las cosas fueron diferentes. Durante doce años viví en un mundo científico donde los artistas como yo pudieron presenciar el lado "Hulk" de varias personas (de parte de los maestros y de los niños que es peor porque no tienen noción de las consecuencias). Ya en secundaria parecía que me hubieran metido en clases de defensa personal y no me dejaba de nadie, era una "badass" a mi manera. Ya sabía los trucos, las mañas, las trampas y los acertijos de las personas que no maduraban y creían que ir insultando a todo el mundo era gracioso.  Así es que cuando llegué a la universidad, donde no conocía absolutamente nada ni a nadie fui totalmente blindada, preparada para lo peor.

Tuve varios problemas para ajustarme, varios inconvenientes y obstáculos en el camino, varias situaciones de estrés que pudieron haberme dado un paro cardíaco en cualquier momento  (la verdad es que no se como no terminé en el hospital) y finalmente tomé la decisión de irme. Mi plan era terminar el primer cuatrimestre, tomarme un cuatrimestre para encontrar otra carrera y terminar algunos asuntos pendientes (hay personas que saben demasiado...JAJA no mentira). Ese era el plan. No lo hice porque no pudiera con las materias. No lo hice porque me aburriera la universidad (aunque la verdad es que no hacíamos nada). Lo hice porque necesitaba un descanso. Un "break" de la vida. Quinto y sexto año pasaron a través de mi como una bala. Tantas cosas sucedieron que sentía que había vivido cien años más, que mi disco duro iba a explotar (¿no les ha pasado?). Me dí cuenta que si no me tomaba un último recreo antes de seguir nunca iba a ser libre de no tener ninguna responsabilidad, ninguna preocupación por el resto de mis días (si, de ser una NINI... obviamente ese era mi sueño) . Si lo piensas, tu vida sigue un curso: escuela (donde no tienes más nada que hacer que estudiar y divertirte), universidad (donde comienzas a experimentar ser independiente y tener algunas responsabilidades), trabajo (donde un solo error en la universidad puede volverla monótona y triste) y lo próximo que sabes es que estás casada, con hijos que te halan el cabello y no te dejan dormir, una hipoteca y miles de cuentas bancarias con etiquetas como "seguro de vida", "para el retiro", "para el convertible de la crisis de mediana edad", "universidad de Juanito", "universidad de Pepito", "en caso de emergencia", "para cuando me de cáncer" (eso es un hecho científico, todos vamos a tenerlo). Entonces, cuando todo eso me pegó en la cabeza, no pude hacer más que entrar en pánico y anunciar de una vez que tomaría las últimas vacaciones de mi vida porque como dijo la mamá de una amiga una vez "yo tuve 18 años y ya después de eso no recuerdo como llegué a tener 40, creo que estornudé o algo así". Yo no quiero vivir con esa tristeza de que no disfruté mis dieciocho (yo en serio quiero contarle a mis nietos las locuras de la abue Diana)

Ahora en mi casa, meditando mi situación actual, preguntándome todos los días si la decisión que tomé fue la correcta, buscando las explicaciones para estar un 89% segura de que me agradeceré esto en un futuro me pongo a pensar en las personas que conocí y en las cosas que viví en tan solo cuatro meses, dentro y fuera de la universidad. Conocí personas muy buenas, de gran corazón y conocí a otras no tan buenas, que la maldad le salía por los poros. Todo era cuestión de observar. Conocí personas con las que tenía mucho en común y nunca llegamos a ser amigos, otras que la primera vez que los vi me dije a mi misma "no way José" y terminamos siendo de los más cercanos dentro de lo que se pudo. Conocí a algunas que eran un pan de Dios las primeras dos semanas y el resto del tiempo no quiero ni hablar de eso. Algunas las tendré en mi mente por siempre, por cómo me trataron y apoyaron, fueron mis amigos aunque no me conocieran. Otras pensaré dos veces antes de saludarlos (acepten que la sociedad es así). 

Pensando en todas esas personas, pensando en lo que aprendí con ellas, todas las historias que me contaron, las cosas por las que pasaron que a menudo se parecían a las que yo también viví y el modo en que cada uno de ellos se comportaba, siguiendo la forma en que respondieron a los sucesos de su vida y en lo que terminaron convirtiéndose me pareció tan fascinante que aunque nunca nos hubiéramos visto antes tuviéramos tantas cosas en común. Fue extraño salir del mundo cruel donde era una inadaptada y entrar en este mundo libre donde podía hacer lo que yo quisiera (y que hubiera gente que quisiera ayudarme). Y creo que aún cuando no pude quedarme, no pude aceptar tan bien el cambio, aprendí mucho de esas personas. Al menos aprendí que no todas son malas así es que ahora ya no estoy tan asustada. 


Diana



"We make a living by what we get; we make a life by what we give". 
-Winston Churchill

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